viernes, 2 de octubre de 2015

Octubre 2015. Y hacia delante, lentamente.

Cierro los ojos y me voy lejos. Donde no necesito dinero para salir a la calle. Donde los horarios no asfixian ni el tiempo es incertidumbre. Recorro los intrincados senderos de antaño, solo para asomarme, solo para recordar lo de la bufanda, el gorro, la falda, los leotardos, la lluvia, el parque, el banco.
Me voy a otro país donde no hablan español y empiezo de cero, y vivo nostálgica pero extrañamente en paz. Hago todas esas cosas que sé que puedo hacer y las disfruto.
Cierro los ojos y no pienso en mañana, ni en el mes que viene.
Prefiero pensar en despertar sobre la rama de un árbol, toda empapada. Asomarme a la ventana de aquella habitación de piedra por donde la bruma de la mañana se colaba bordando la estancia de sosiego. Tan blanca esa luz. Tan sordo el rumor en la lejanía.
La playa, la orilla, cogeando.
En lo alto, sonriendo, haciendo que cuente. Que merezca la pena.
Yo, soñando, ayer, hoy y, seguramente, mañana.
Palabras y más palabras se escapan de la maraña de ideas que juegan en mi cabeza y que ignoro todos los días. O casi todos.

domingo, 9 de agosto de 2015

AGOSTO PERPETUO




Me encuentro sumergida en un Agosto interminable. Dicen que hoy es día 9, pero yo sé que esa cifra no significa nada, que habla de otro Agosto, uno que figura como título en la hoja de un calendario y que terminará en la basura cuando llegue Septiembre.

No, mi Agosto no empezó hace 9 días, ni terminará el 31. No recuerdo su comienzo y no preveo su final. Pero puedo describir perfectamente cómo es, cómo se esconde a veces, cómo reaparece inevitablemente en toda su inmensidad y me envuelve, arropándome con mantas de lana y felpa, asfixiándome entre sus bocanadas de calor.

En Agosto los días son más largos.  El zumbido del ventilador es una constate de fondo que aprendes a ignorar, el agua fría es un pequeño respiro, y la monotonía, bueno, no es más que un eufemismo que disfraza unos grilletes atados a tus tobillos.

Cuántas cosas que se pueden hacer en Agosto, cuando las 24h del día son tuyas. Cuántas cosas, peor aún, cuando se convierten en las 24h más largas de la historia, igual que las de ayer, igual que las de mañana.

Pasará, ¿no? Llegará Septiembre. En Septiembre la gente vuelve a la ciudad que abandonaron en Agosto, hay más vida, más movimiento. Pero este Septiembre no vuelve nadie. No para mí. Este septiembre no se irá el calor. Este Septiembre mi habitación seguirá llena de huellas de recuerdos de tantos años pasados, y mi casa seguirá teñida de invariabilidad.
¿Y Octubre? Octubre no es más que otro Agosto que se esconde tras los quehaceres. Pero eso es bueno, ¿no? Tener quehaceres, matar el tiempo, ser útil, ser alguien de provecho, hacer, hacer y hacer. Claro, eso es bueno. 

Agosto es una gran mancha de nada que te agarra como el fango. Es una mirada ausente a una pared blanca sentada en una cama de sábanas deshechas. Es una fuente de inspiración para los locos, cuando dejan de hacer cosas y permiten a sus cerebros tomar las riendas.

Así que yo hago lo imposible por dejar mi Agosto a raya, por que no devore mi alma. Voy a la piscina a ponerme morena y que esa ropa tan colorida y veraniega que me he comprado en rebajas me quede mucho mejor. No me paro a pensar en que probablemente no salga del armario (¿o lo estoy haciendo ahora?) Da igual, yo sigo iendo, a veces, a tumbarme en una hamaca, ponerme mi música, respirar sol, y darme un baño rapidito –por si me quitan las cosas- cuando el calor empieza a ser apabullante.
Recorro diariamente las calles de mi barrio con mi Lucas al lado, y siempre vuelvo con sudor en la espalda. Tal vez un día me ponga mi vestido nuevo, y así lo estreno, con Lucas a mi lado. Lo de los tacones mejor no, por la caminata.

Cojo el coche y hago viajes esporádicos a la playa, porque hay que matar el Agosto, hay que dejarle claro que tú mandas, hay que hacer algo, y a mí me encanta la playa, así que la aprovecho como aprovecho las hamacas de la piscina, y paso las horas escuchando lo de siempre, pensando en quién sabe qué, remojándome un poco, o intentando perderme en otro libro.
Así es Agosto. Es, a fin de cuentas, un gran alivio que unos llaman vacaciones y una gran mentira para los que jamás salimos de él.

Otros días, bueno, otros días sencillamente los grilletes pesan demasiado y no haces nada. Somos débiles a veces, ¿no? 

¿Y qué hago hoy? Hoy escribo, que es mi gran reto y mi gran miedo. No escribo nada de valor, para qué vamos a engañarnos, pero estos minutos que dedico a teclear no se harán eternos, y la necesidad de compartir mi Agosto con el resto de Agostos sanos se mitigará un poco.

No os confundáis, mi Agosto terminará. No preveo el final, pero creo en él. 

Si te encuentras sumergido en un Agosto como el mío, un Agosto lleno de grandes nadas, un consejo: no te creas lo de los grilletes, es mentira.

lunes, 17 de marzo de 2014

Cita (no es mía)

"No podemos dehacer las cosas. Podemos dejarlas atrás y seguir adelante, pero no podemos deshacerlas. Forman parte de nosotros, nos cambian por dentro, pero, a medida que pasan otras cosas, seguimos cambiando".

"Pues ya ves. La putada llega en lo de dejar atrás" (esto si es mío)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Best o the Best of GLEE

In my opinion, and obviously forgeting some perfect songs, those videos are... well... just ARE.

[spoilers]



 



sábado, 27 de abril de 2013

A veces no queda otra cosa más que pensar.

Recuerdo un día, aunque no qué día en particular, ni el mes, ni el año., hace tiempo. También recuerdo que ya escribí sobre ello; quizá busque ahora el escrito, tiene que estar por ahí. Creo que caminaba por mi calle. Lo que recuerdo bien es lo que me puse a pensar. Fue uno de esos momentos en que uno tiene una revelación profunda y trascendente que un millón de personas han tenido antes que tú pero que, aún así, te hace recapacitar. Ahí va:

Me puse a pensar en los segundos que iban pasando mientras andaba por la calle. Un segundo. Otro. Todos perdidos. No de manera negativa, simplemente, idos. Pasados. Únicos e irreversibles. Y pensé en lo única que yo era. Y lo única que era esa otra persona que caminaba por la misma calle que yo. Porque justo en esos momentos, en ese lapso de tiempo, en esos segundos que yo iba gastando mientras elaboraba mi razonamiento, era yo, y sólo yo, en todo el universo, quien ocupaba ese espacio. Y nadie nunca, jamás, lo haría al mismo tiempo que yo (Menos mal que no me puse a pensar en realidades alternativas). Otros lo harían, pero tiempo después. Y tanta gente, como yo -de hecho todo el mundo- sería el protagonista de un lapso de tiempo en un espacio determinado. Y sólo yo, y cada uno, vería el mundo desde una perspectiva única. Desde mi altura, a través de mis ojos, en la posición que ocupaba, con una determinada luz, con un determinado estado de ánimo, con el azar o la voluntad que guía el hecho de que esté mirando hacia un lado y no hacia otro.

Y nada más. No recuerdo qué hice después.

sábado, 20 de abril de 2013

Más escritos que encuentro rebuscando en el trastero de los 15 años

 BALANZA



Te está acariciando... besa tu frente.
Es ese aire que suaviza tus mejillas. Abre los ojos y siéntelo. ¿No quieres explorar ese mundo maravilloso? Déjate llevar... no tienes nada que perder. Si tienes miedo, permanece con los ojos cerrados... pero siente.
¿Sientes esa calma? Escucha como susurran tu nombre... ellos, los que quieren que seas feliz. ¿No vas a acercarte a ellos? ¿No quieres conocerlos? Escucha sus cantos, mira cómo juegan. Da un paso más y avanza.
No dudes... no pienses. Haz lo que sabes que deseas. Aquello que anhelas. Tú te lo mereces. Mereces esa felicidad. ¿No ves como todo el mundo te espera? Acércate a ellos y déjate abrazar. Nunca sufrirás.
Avanza, no pienses, siente, y dame una respuesta...


...Lágrimas. ¿Son lágrimas eso que veo? ¿Lloras ante la felicidad? Este mundo está creado con cada pincelada de tu corazón. Te lo ofrecemos. Ven, mira, obsérvalo. ¿Los ves? ¿Ves a esa gente? Sí, son ellos. Son todos ellos. Todos están aquí, y te sonríen a ti. ¿No quieres ir? Todos han ocupado un hueco en tu corazón... sus existencias determinan la tuya. ¿Crees que podrías vivir sin su cariño? Ve, sé feliz. ¿Qué deseas?...


...Conduces tu mano hacia ese mundo. Quieres tocarlo. Quieres sentirlo... Sé que lo deseas, por eso no has dejado de mirarlo. Por eso tus ojos están bañados en lágrimas. ¿Lo has visto a él? Sí, lo has visto, una de tus lágrimas lleva su nombre. Te está esperando... lo sabes, ¿verdad? ¿Los ves a ellos? Aquí, Lara, son felices. Jamás te dejarán sola, nunca te abandonarán. Pero no hace falta que te lo diga. Sé que puedes sentirlo. Lo sé porque tu alma te delata. ¿Por qué no dejas de sufrir y te agarras a lo que deseas? ¿No es eso lo que siempre has querido?...


...Estás temblando, no dejas de mirar, tu labios articulan palabras que se deshacen en el aire... ¿Por qué dudas tanto? ¿Por qué no dejas de llorar? Si es esto todo lo que deseabas, ¿por qué no has dado ni un solo paso? Ingenua. ¿Acaso crees que tras esa puerta encontrarás la felicidad? Sólo tienes que observar el resquicio... es oscuro... la luz no existe en ese mundo. ¿Cómo es posible que dudes? La balanza está sobre la mesa. La puerta, el aire... El mundo que te muestro es mucho mejor que ese que dejas atrás. Está al alcance te tu mano. Lo tienes ante ti....
Ahora toma tu decisión. Siente el aire, la calidez de las almas que te esperan, la vida, esa nostalgia que siempre te atormenta desaparecerá, la felicidad cubrirá cada rincón de tu cuerpo... todo. Sólo tienes que dar un paso y el aire te guiará....



“¡¡¡NOOOOOOOOOO!!! ¡¡¡NOOOOOOO!!!”



¡¿Cómo?! ¡¿Das media vuelta?! ¡¿Te despides del mundo de la felicidad?! ¡¡Insensata!! ¡¿Por qué?! He visto en tus lágrimas lo que realmente deseas... ¿por qué no lo aceptas? Si abres esa puerta, nunca más podrás volver...


“Pues no volveré”.

PLOMP.

La puerta se ha cerrado... ¿por qué lo hizo? No lo entiendo... ¿se dio cuenta? ¿No conseguí engañarla? Era perfecto... ella se dejaba llevar por sus verdaderos sentimientos... Ella lo deseaba de verdad. Lo vi en sus ojos. Vi cómo lo miraba a él. Vi el temblor de sus piernas... Y, a pesar de eso, dio media vuelta y se fue.
¿Se dio cuenta de que esto no es real? ¿Consiguió ver a través del velo de sus deseos?... Es posible que tuviera ilusiones. Tal vez quiere crear ella misma este mundo. Tal vez desea darle luz al mundo que hay tras la puerta. Incluso.. tal vez, derramará otra lágrima por él. Y lo sabe. Pero, aun así, es su elección.

Entonces... ¿es feliz encontrando su propia felicidad?


jueves, 18 de abril de 2013

Debía tener unos 15 años cuando escribí esto:

El frescor matinal entraba por una pequeña ventana envolviéndolo todo. La suavidad de los trazos que componían la habitación era abrumadora, y pequeñas sombras envolvían cada rincón. Inmersa en una especie de sueño relajante, comenzó a despojarse de las prendas que la cubrían: deslizó por sus piernas de seda un pantaloncito blanco y lo arrojó a un rincón; siguió con la camiseta y, en el recorrido, despeinó sus cabellos negros. Camiseta y pantalón se reunieron mientras observaba el suelo raso que pisaban sus pies descalzos. Estaba frío. Miró su reflejo en el espejo y le dedicó una sonrisa melancólica. Se dio la vuelta, se metió en su bañera y abrió el grifo. En pocos segundos un hilo de agua comenzó a resbalar por su hombro, su espalda, sus piernas... y, al poco
tiempo, una capa incolora de un exquisito y fresco elixir la cubría por completo. Sus ojos se cerraron con gesto apacible. Sereno. Levantó la cabeza, y el agua golpeó sus párpados y bañó sus pestañas. Era maravilloso. Si se concentraba, podía distinguir el tacto de cada gota como seda escurridiza entre sus dedos, el fresco olor de la mañana, el sonido de la lluvia al caer... El azul se volvía azul brumoso. Los tonos blancos, neblina. Dejó que su pelo cubriera por completo sus oídos y el sonido se fue alejando cada vez más. O eso, o era ella la que se alejaba pues, en poco tiempo, se encontró en medio de una calle vacía y mojada por la lluvia. El sonido monótono de las gotas golpeando el asfalto recordaba al silencio, y el cielo, que no dejaba de llorar, estaba más azul que nunca. Desnuda, sin moverse, el frío no le importaba.

Una silueta se abrió paso entre una cortina de agua, justo delante de ella. Sus cabellos mojados besaban una cálida sonrisa y, sus ojos, oscuros y blancos a la vez, la devoraban a varios metros de distancia. Apenas se movió durante unos segundos, tiempo suficiente para que sus miradas se encontraran. En ese preciso instante, la abordaron multitud de recuerdos y, creyendo que se iba despertar, la chica alargó su brazo y le tendió la mano. Él tan sólo sonrió. Ella no quiso entenderlo, por qué no la tocaba, no quiso pensar, no quiso afrontar, desvió su mirada, no quiso llorar. Hasta que comprendió y alzó la vista hacia él. Una lágrima asomó en sus ojos y se perdió como una gota de lluvia. Esa sonrisa que tanto anhelaba, él se la estaba regalando. Pero nada más. Por cercano que lo sintiera, estarían siempre separados por un vacío infranqueable. Jamás podría suceder. Justo en el momento en que se giraba para marcharse, corrió y se aferró a él. Lo tocó y lo sintió sin tocarlo. El agua la abrazaba y besaba sus labios y, con los ojos cerrados, vivió la calidez de su aliento y la suavidad de su piel. Pronto dos siluetas se hicieron una, y la lluvia los envolvió aislándolos de todo lo que no fueran él y ella... ella y él. Como si de una despedida se tratase, siguió aferrada a su mentira, tozuda, ansiosa, grabándose cualquier detalle que se le pudiera escapar. Hasta el mismo infinito le habría parecido un instante. Por eso, cuando él se separó y le dijo adiós hasta desaparecer, ella creyó que jamás había ocurrido. No pudo dejar de llorar mientras se alejaba su más preciado anhelo. Esta vez, para siempre.

Y abrió los ojos para despertar y ver una sola gota caer. Una lágrima, una gota de agua, una perla quimérica, su elixir de esperanza. Cerró el grifo, se sentó y rodeó sus rodillas con los brazos. Acurrucada, dejó que el agua terminara por extinguirse. Dijo adiós a las hadas diminutas y sintió un frío infinito que la hizo tiritar. Su mirada se posó en un reflejo de luz que atravesaba la bañera, y siete colores aparecieron delante de ella. Siete colores cálidos, igual que una sonrisa.

jueves, 14 de febrero de 2013

Me quieres y lo sabes :)

Para demostrármelo, pincha en el enlace de a continuación y ayúdame a ganarme treinta euros :D

Los votos se cuentan con el número de "me gusta" de facebook y de twitts. ¡Te lo agradezco mucho, seas quien seas! (soy un encanto, ya lo sé.)

http://foreverdai.com/post/43032987114/otra-concursante-mas-lara-y-su-perro-lucas

P.D: Lucas también os lo agradece.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Y a parte de las prácticas y leer, ¿qué más?

domingo, 10 de febrero de 2013

Más triste imposible.

Llega un paciente para una operación de páncreas. Contra todo pronóstico, el cirujano es un encanto de persona y el anestesista un gilipollas.
Necesitan cogerle dos vías al paciente, una arterial y otra venosa. Usan el brazo izquierdo. Me coloco junto al anestesista para ver lo que hace y observo, al igual que él, varias cicatrices: una a lo largo del antebrazo por la cara interna, y otras en ls muñeca, transversales. Es obvio de qué son. El anestesista medio sonríe. El paciente sigue despierto, con la mascarilla puesta, empezando a adormilarse. Es un hombre muy delgado. El anestesista le pregunta a una de las enfermeras:

- ¿Este hombre es diestro, verdad?
+ No lo sé, ¿por qué?
- Luego te lo digo. Y se ríe.

Yo ya sé por qué lo pregunta. Me dan náuseas y me asquea el gilipollas que tengo al lado.

El paciente se duerme y el anestesista le dice a la enfermera:

- ¿Has visto las cicatrices que tiene este tío?
+ No, ¿qué pasa?
- Este tío se ha intentado suicidar. 

Pone cara de asco, con una media sonrisa. Insinúa algo parecido a "qué asco de gente".

Respondo:

- Todos pasamos por malas etapas en la vida, unos lo llevan de una forma, otros de otra.

Me ignora.

El paciente está dormido y el anestesista lo llama "hijoputa" porque le cuesta canalizar la arteria. Este hombre es despreciable y a mí me ha jodido el día.

Cuando lo abren se ve un hígado cirrótico. El páncreas también está mal. Es alcohólico. Dicen que la operación tiene un único fin paliativo, es decir, servirá exclusivamente para quitar dolor, no para curar.

¿Alguien me puede explicar cómo puede existir persona con un mínimo de empatía y de corazón que se ría de una persona que no ha podido manejar su situación y que está a todas luces hundida? ¿Cómo coño se atreve a juzgar nadie a alguien que ni si quiera conoce? ¿Qué sabe de él? Estamos hablando de un profesional de la salud ¿Se cree que eso se basa sólamente en saber pinchar un vaso sanguíneo y en saber suministrar fármacos? Aquí lo que ocurre es que eso de "intento de suicidio" es un tabú condenado, de la misma forma que antaño marcaban a los leprosos, los despreciaban y se alejaban de ellos por pura ignorancia. Y por miedo, por supuesto.

Despreciable, asqueroso.

Inhumano.

Y al listo que se crea superior a esas personas, que ni si quiera intente comprender los porqués, que las desprecie y les ponga una insignia de por vida, ese tío/a tiene mucho que aprender.

lunes, 4 de febrero de 2013

Quirófano.

Entrar en un quirófano por primera vez como profesional es raro. No creo que se me olvide. Entré una vez siendo paciente y apenas reparé en nada. Cuando eres alumna, lo miras todo. 
Ese primer día te sientes inútil y nerviosa. No quieres ser un estorbo y no sabes bien dónde ponerte. Haces cuanto puedes pero sin agobiar. Intentas buscar el punto medio, el equilibrio entre mirar por aprender y no hacer nada por vagancia.

No olvidaré a mi primera paciente. Obvio. Su cara. Incluso su cuerpo. Curiosamente no recuerdo el nombre. No me olvidaré de que tenía miedo y de que sentía inseguridad. Ni de lo bien que la trataba una de las enfermeras que me está enseñando.

Jamás olvidaré la primera vez que vi intubar a alguien. A esa paciente. Después de dormirla con la mascarilla y con los fármacos anestésicos, el cuerpo se para y deja de respirar por sí solo. Mientras preparan la intubación y, en caso de que se tarde demasiado, se la ventila manualmente. La anestesista me dejó hacerlo a mí. Me explicó cómo colocar bien la mascarilla para que no se escapara oxígeno por la barbilla, y cómo apretar el globo rítmicamente para insuflarle el aire. Me enseñó a cerciorarme de que el aire pasa a pulmones y a no a estómago por cómo el tórax -y no el abdomen- se expande.

Me maravillé. Del todo. Esa persona estaba completamente vulnerable, expuesta. Dependiente. De mí. Respirando gracias a mis manos. Gracias a ese cadencioso y tranquilo movimiento de mi mano derecha y la fuerza de mi mano izquierda. Respiré por ella. No consigo verlo de otro modo.

Después de eso la intubaron, nos enseñaron cómo ir directos a la tráquea, y ultimaron los preparativos de la operación: pintar, campo quirúrgico sobre el paciente, batas estériles, etc.

Me entró calor, mucho calor. Me emocioné. Os parecerá peliculero, pero me entraron ganas de llorar. Porque estaba ahí y quería más. Y me mareé. Noté esa sensación que ya conozco de que voy a desmayarme. Lo dije, y salí al pasillo. Me reí internamente. "Ni si quiera han empezado a cortar y ya me estoy mareando". Los celadores y limpiadores del pasillo bromearon conmigo, y se me pasó pronto. Volví a entrar. Desde entonces, no me ha vuelto a pasar. Y he visto mucho. MUCHO. Hígados, intestinos, glándulas mamarias, vesículas, ovarios. Personas despojadas en apariencia de lo que son. Dormidas. Despojadas de su identidad durante el tiempo que dura la operación por aquellos que introducen las manos en su cuerpo. Por mí. Por el resto de  profesionales. Pensadas en esos instantes, seguramente, por otras que esperan. Es flipante. Sencillamente flipante.

Ese primer día me sentí feliz de formar parte de aquello. Me sentí privilegiada de ver en directo cómo abren a una persona. Es todo tan brusco. Es increíble todo lo que aguanta la piel, todo lo que aguanta el cuerpo. Lo fuerte y frágil que es al mismo tiempo.

No siempre se ve la cara del paciente. Desde donde se opera no se ve porque está tapada por un paño que mantiene el campo estéril pero, si das la vuelta, y dependiendo de la vigilancia que tenga que mantener el anestesista, se puede ver su cara o no. Cuando se podía, de vez en cuando me acercaba y miraba. Pensaba en esa persona dormida, con los ojos cerrados y sujetos con esparadrapo. Expuesta. Sola. Y no es malo. Es, sencillamente, inevitable.

Tampoco olvidaré al primer paciente que vi salir de la anestesia (no fue la primera paciente, porque su operación terminó después de que finalizara mi turno). No llegué a verlo consciente. Lo llamaban y no contestaba. Tardó en reaccionar. Crispó el gesto de su cara en una mueca de dolor. No sé si realmente le dolía, o si simplemente su cuerpo notaba que algo iba mal y sufría por ello. Más tarde él no recordaría nada, pero yo sí vi que lloró sin abrir los ojos. Yo sí me acuerdo. La siguiente paciente que vi reaccionó mejor. Somos muy distintos.

Hay cosas que no me han gustado. Aunque suene a tópico y evitando generalizar, los cirujanos son unos santos con las manos, pero todo lo bueno que tienen operando lo pierden como personas. He conocido a tres distintos, y no sabría decir cuál de ellos ha sido más impertinente y maleducado. ¿Tal vez se debe esa característica a que han pasado toda su veintena sentados delante de un escritorio? ¿Complejo de dioses? No lo sé, pero los admiro y desprecio al mismo tiempo. Y eso que uno salvó la vida de mi madre. Uno que respeto profundamente, sin llegar a conocerlo. Espero conocer la semana que viene a alguno que me haga pensar de otra forma. La pura verdad es que al verlos siento envidia. Y después abren la boca y pienso que, si ser un imbécil y un estúpido es el precio que hay que pagar por tener el cuerpo de una persona en tus manos, prefiero ser florista.

El trabajo como enfermera es bonito y reconforta. No es nada despreciable ni poca cosa. Hay que saber hacer. El problema es que la praxis enfermera no se nota cuando lo haces bien, sino cuando lo haces mal. Un cirujano opera y, si sale bien, el paciente se cura. Se ve un resultado. La enfermera trabaja para que "todo siga igual de bien que siempre y nada empeore". Todo se da por sentado. Hasta que se comete un error. Es una lástima que tu trabajo sólo se perciba cuando se yerra. Salvo excepciones, como en todo.

Me contó mi enfermera que una vez tuvo que responderle a un médico que la llamó inútil y despreció su trabajo, y le dijo: "Tal vez no debería olvidar que sin mí, sin los auxiliares, los celadores, e incluso las limpiadoras, usted no podría estar ahí operando". Y se calló.

Y es cierto. El médico llega, opera, y se va. Me parece perfecto. Ha estudiado "como un cabrón" y no se espera menos de él. Ya es suficiente con la enorme responsabilidad que conlleva una operación. Y es el que tendrá que hablar con los familiares. Pero estaría bien que alguna vez se quedara y viera todo lo que ocurre después: cómo se despierta al paciente, cómo se traslada a su cama y sale por la puerta, cómo las enfermeras preparan la siguiente operación, cómo las limpiadoras limpian todo el quirófano en menos tiempo de lo que yo tardo en ordenar mi escritorio. Es como una danza sincronizada y perfectamente ensayada. Todos los días. Una y otra vez. Observar, de vez en cuando, no viene mal.

Otra cosa mala es que llego a mi casa con los pies y las piernas doloridas de estar tanto tiempo de pie pero, de alguna forma, es un "dolor" que reconforta. Tener que levantarme a las 6 y media tampoco es que esté en mi lista de placeres.

Me quedan dos semanas de quirófano y ya me parecen pocas. No sé cómo sentirme.
Todo esto es fascinante. Y me da miedo que se convierta en rutinario y pierda su magia.

jueves, 17 de enero de 2013

A conducir.

Abrigo. Gorro. Bufanda. Las llaves de casa, las del garaje las del coche. Bajas al garaje y entras en el C3. Arrancas. Subes la rampa. Miras que no venga nadie y giras a la derecha, como siempre. Entras en la autovía sin pensar qué dirección tomar. Y conduces. Conduces. Conduces. Conduces y conduces. Oyes la radio. Piensas en todo o en nada, a saber. Y coges una salida sin mirar el nombre. Llegas a un pueblo. Aparcas. No tienes ni idea de dónde estás. Bajas del coche y sientes el frío de Enero. Ves un banco, el banco, y te sientas. Sin más. Y observas. Al hombre que acaba de pasar con um niño enganchado de la mano. ¿Quién será? Ves a la adolescente con mechas en el pelo. Va escuchando música ¿Quién será? Una pareja. Una señora con un carro de la compra. Dos motos. Un hombre que habla a voces. Un perro, y su dueño. Y ves pasar las horas. Hasta que vuelves a casa.

miércoles, 9 de enero de 2013

Consejo

Pocos consejos puedo dar, pero hay uno del que no dudo, uno que escribo con mayúsculas: LEED.

Leed. Aunque no os guste. Aunque os cueste. Aunque "no tengáis tiempo". Si no os gusta encontraréis alguna lectura que os gustará. Tardaréis, pero ahí estará. Leer es una búsqueda. Tantos y tantos libros que parecen no aportar nada, que dejas a la mitad porque no puedes aguantarlos, o que te dejan indiferentes. Te pulen. Te definen. Te matizan. Personalizas un filtro. Hay libros que he llegado a no soportar, y han sido los favoritos de otros. Hay libros que he devorado y otros no han aguantado. Leer es una búsqueda personal con la que te tienes que desinhibir. Un libro que te maravilla se convierte en algo tuyo.

Cuando leo mi mente "viaja". Se va. A veces se queda entre aquí y allí. Se distrae, se relaja, se aleja un poco. Lecturas cotidianas. Amenas. Pasajeras. Tal vez pase un año, unos meses, no sé cuánto. Pero un día te recomiendan un libro. O te llama la atención una sinopsis, o un título, o conoces un autor y decides leer un libro suyo. Y encuentras OTRO. Otro de esos libros. Uno de ellos. TUS libros. Tus reliquias. Y viajas. Tu mente se va. Ya no estás aquí, porque la única razón que define que estamos aquí es que nuestros pensamientos están aquí, y vemos y oímos y sentimos aquí. Pero si un libro te atrapa, cambias de mundo. Te vas muy lejos, ves otras cosas, vives vivencias ajenas, oyes lo que imaginas, sientes lo que te cuentan. El tiempo se acelera. No notas que tu cuerpo tiene hambre. No notas el cansancio.

Hasta que vuelves. Y han pasado 5 horas. Descubres que has llorado, que has "flipado", que has sentido más de lo que has sentido en mucho tiempo, y te entristeces y alegras al mismo tiempo, todo a la vez. Vives. Y descubres, más tarde, que no puedes pensar en otra cosa más que en lo que has leído.

Eso sólo te lo puede regalar un libro. Eso sólo se consigue buscando. Leer es entrenar. Es nutrir. Es madurar. Es seleccionar. No hay libros malos o buenos. No de forma objetiva. Hay libros que te pertenecen o no. Que te atrapan o no. 

Ay, pero cuando uno te atrapa, qué maravilloso. Y qué triste leer la última página y desear no haberlo leído nunca para poder descubrirlo de nuevo.

De verdad, leed.

domingo, 6 de enero de 2013

¡Hala! ¡Yo tenía un blog y ni me acordaba!

Pues el caso es que se me ocurren bastantes cosas que decir, pero me parece que escribirlo todo en estados del facebook es un poquito pesado :p

Esta entrada es para hablar sobre los propósitos de Año Nuevo. No estoy muy de acuerdo con ellos, básicamente porque suelen no cumplirse y terminan decepcionando más que otra cosa. Vaya, que utilidad cero.

Pero he estado pensando bastante sobre las cosas que me gustaría que cambiaran o que podría hacer este año (cosas lógicas y alcanzables), y me he dado cuenta de que a eso se le podría llamar "propósito". No os engañéis, no voy a poner "estudiar más", "hacer ejercicio" o "ayudar más en casa". Sé que no voy a hacer ninguna de esas cosas por el hecho de que sean propósitos de Año Nuevo. De hecho, creo incluso que precisamente por esa razón hay más probabilidades de que no lo haga (aumenta la presión, los pensamientos de "tienes que hacerlo, tienes que hacerlo" y la mayoría de las veces se produce el efecto rebote). Pero sí hay otras "tonterías" (que para mí no lo son) que no quiero retrasar más. Allá van mis "propósitos" de Año Nuevo:

- Imprimir fotos. La mayoría se pierden en los abismos de las redes sociales, y es peor aún cuando una red social muere y cambias a otra (ejemplo: tuenti). Por supuesto que no voy a imprimirlas todas, pero sí que voy a hacer una selección, y tengo muchos años atrás cuyas imágenes sólo están en internet, en mi pc o en un disco duro externo. No aportará mucho, pero tengo una hucha donde meto muchas moneditas rojas y, cuando se llene, el dinero irá destinado a imprimir fotos :) (También hay algún euro que otro para llevarme una alegría cuando abra la hucha jijiji)

- Dibujar más. Y para no decepcionarme a mí misma no añadiré ni cantidad de dibujos ni frecuencia. Pero, dibuje lo que dibuje, siempre será más que el año pasado, que sólo dibujé una vez, y en Noche Vieja xD. Fue entonces (hace seis días) cuando descubrí que puedo hacer dibujos buenos en unas cuantas horas sólamente, y me parece que es un buen método de entretenimiento.

- Leer. Leer, leer y leer. Pero vaya, eso ya lo llevo haciendo desde hace tiempo.

Y eso es todo, ¿véis? Dejaos de listas imposibles. Sólo sirven para haceros sentir inútiles porque la pura y asquerosa verdad es que no las cumpliréis. Id a lo fácil y a lo real :)

P.D: se me olvidaba. Alguna locura al año tiene que caer :) Si no, la vida es un aburrimiento.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Palabras

- Eres tan dulce. Intentas hacerme reír.
+ Sí. No volverá a ocurrir.
- Y estás sonriendo.
+ No, no. Sólo sonrío en privado... cuando nadie mira 

Lost in Austen.

domingo, 12 de agosto de 2012

Miércoles 18 de Abril de 2012

Lo que quiero ahora es perder el conocimiento y despertarme en un lugar donde haga frío. Quiero desorientarme, no entenderlo. Quiero que el frío me queme, se enrede en mi cuerpo, me cale, me bese, me estremezca, me deje entumecida. Quiero echar de menos tu olor, tus abrazos, tu chaqueta... y arrepentirme de llevar poca ropa. Quiero que llueva, calarme. Quiero que el pelo se me pegue a la cara. Que llore sobre el cuerpo, que las gotas de lluvia me hagan cosquillas. Quiero acurrucarme y llorar sin ningún motivo. O por todos los motivos. Quiero escuchar el silencio. El murmullo constante de la lluvia. Los árboles meciéndose. El asfalto rugoso bajo mis pies desnudos. Quiero caminar y perderme. Quiero añorar algo y no saber qué. Y descubrirlo después. Quiero paz. Angustia sosegada. Quiero sentir. Sentirte. Quiero el calor de tu cuerpo antagonista a la lluvia helada. Quiero besos y caricias. El roce de tus dedos sobre mi muñeca. Sentir calor cuando hace frío. Temblar. Que el cielo siga rugiendo y no me importe. Que me importe y me haga sentir viva. Plena. Quiero que no pare, que la irrealidad no termine. Que mañana no llegue. Quiero desesperación con final inesperado. Que lo inesperado llegue y me sorprenda. Quedarme sin palabras. Un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Tú. ¿Quién eres tú? Hueles bien. Demasiado bien. Me embriaga. La vista se me nubla. Me voy, pero no quiero. Me recuesto contra un árbol. Rodeo mis piernas y agacho la cabeza. Soy un ovillo de lluvia. Te busco, pero no estás. Soy ajena a todo, salvo a la ausencia de mucho. El frío me besa. Me voy.
Y despierto. En mi habitación. Y lloro.

Quiero mi paréntesis.


Y hoy, 12 de Agosto, puedo añadir: Ése es el problema. Es esta habitación. Es la habitación de mi pueblo. El calor sofocante. Los sueños de la noche. O peor, los sueños del día. Pero es lo que hay, y las vacaciones no duran siempre. Incluso, mientras duran, ¿son como querrías que fueran? Es más, ¿de qué sirve planteárselo?
La pura verdad es que si me entretengo en escribir todo esto es porque me quiero ir a la cama ya pero odio la idea de que el día de hoy se camufle como otro más. Que no tenga ni nombre ni sentido. Si escribo aquí, después de tanto tiempo, a lo mejor cobra algo de relevancia.

Una que se va a dormir.

domingo, 10 de junio de 2012

De esas veces que te preguntas cómo es tu vida actualmente y no sabes muy bien qué responder.

domingo, 5 de febrero de 2012

Pedir perdón o no hacerlo


Hay quien nunca pide perdón, y que ni si quiera sabe que debería hacerlo. Triste

Hay quien no pide perdón aunque sepa que debe. Orgulloso.

Hay quien pide perdón sólo para librarse de un problema creyendo que no tienen por qué hacerlo y sin ni si quiera preguntarse si pueden estar equivocados. Despreciable

Hay quien pide perdón a veces, cuando es evidente que han obrado mal. Aceptable.

Hay quien, a pesar de estar seguros de tener razón, se ponen en duda a sí mismos y se plantean si pueden estar equivocados y, por si están siendo injustos, piden perdón. Admirable.

Hay quien pide perdón por haber hecho daño aunque sea a quien también te ha hecho daño. Una minoría. Ojalá fueran más.

Hay quien pide perdón siempre por remordimientos, incluso cuando tienen la mayor parte de razón. Inocentes.

Y hay quien pide perdón sólo a la gente que le importa, y lo pide de corazón. Lo entiendo.


P.D: Lo sé, está entrada iba a ser sobre los regalos. La próxima. I really promise it ;p

lunes, 16 de enero de 2012

Próxima entrada...

... mis regalos de Navidad y noticias varias.

I promise.


martes, 3 de enero de 2012

Y entonces...

... ocurre.

Te quedas parada, quieta, muy quieta. Has vuelto a pensarlo. Se muestra tal como es. No sabes durante cuanto tiempo. Buscas, primero con más calma, la mejor manera de ignorarlo. Después con más ansiedad. Cuanto más lo intentas, menos lo consigues. Hierve la sangre.

Se va.

Al rato. A los días. Tras dormir. Porque sí, con razón o sin ella.

Y vuelve.

Y se vuelve a ir.

Se acumulan flashes esporádicos que emborronan las razones que tenías. Todo lo lógico se queda difuso.

Vuelves a verlo claro.

Y entonces, de nuevo, olvidas los porqués, y te haces preguntas que a nadie vas a formular.

Y así, sucesivamente, hasta no se sabe cuándo.